Muchas veces el cuerpo nos avisa cuando debemos ir a un médico. Un dolor, una dificultad de hacer algo que antes nos era fácil hacer, alguna lesión en la piel o laboratorios alterados nos avisan que debemos pedir ayuda. Por lo general, a las personas se les hace relativamente fácil acudir al médico ante estas alarmas. Pero hay otro tipo de dolor que no necesariamente se ve. Ese dolor que se lleva adentro y se puede ocultar con una sonrisa forzada o hasta con el silencio. Es el dolor emocional. Desafortunadamente, el pedir ayuda puede frenarse por el prejuicio, el miedo o la vergüenza.

